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Meditación 5. Curación y plenitud

Meditación basada en Un Curso de Milagros

A partir de este momento, ya en un lugar cómodo para mí, escojo una posición agradable para dar comienzo a esta meditación. Nada del exterior me preocupa, molesta ni distrae.

Cierro mis ojos y pongo la atención en mi respiración, es lenta… suave y muy agradable. Observo cómo es cada vez más lenta y tranquila y en cada espiración me permito entrar en un estado más y más profundo de relajación…
Disfruto de todas las agradables sensaciones que estoy sintiendo…mi respiración se realiza de forma automática y natural…

En este estado, me permito conscientemente descansar e inconsciente- mente integrar esta meditación a partir de ahora…

Con esta sensación tan placentera pongo toda mi atención y disfruto sabiendo que cuando salga de esta meditación me resultará muy sencillo experimentar y vivir la lección de hoy…

Es imposible estar atemorizado y seguir viviendo… es imposible estar vivo y muerto al mismo tiempo… o vivo mi resplandor o la aflicción…

El único estado de plenitud es el Amor… sin ese estado no puedo ayudar a mis hermanos… primero integraré mi felicidad… pues sin ella es imposible ayudar en la curación.

Mi propia curación es la de todos… así como me conozco, así conozco a toda la Filiación.

Tomo una respiración profunda sintiendo toda esta información en mí, integrando este momento de absoluta certeza en el que puedo experimentar la verdad… en este lugar donde puedo realizar cualquier cosa que Dios me pida…todo lo puedo lograr al mantener a mi espíritu libre de toda duda y temor.

Elijo ser totalmente dichoso… pues mi mente no puede tener lo que no elige ser…

Conozco mi realidad al darla… de esa manera creo como el mismo Creador creó… pues sólo compartiendo la verdad se expande… cuanto más creo en mí, más siento mi poder…

Me entrego a la mentalidad recta que mora en mí… me entrego al conocimiento que va más allá de toda percepción.

Nada hay externo a mí…en eso radica mi total curación… mientras siga viviendo y creyendo en la separación… seguiré necesitando de la curación.

Soy uno con todos… el ataque carece de sentido…

Puedo sentir una gran paz interior… puedo sentir el milagro en el mundo…

Elijo ver la luz que siempre hubo en mí, escuchar la voz del Espíritu Santo en este mundo es posible… tan solo tengo que decidir qué voz quiero escuchar…

Puedo reconocer esa voz… porque es una voz que no da órdenes porque no es arrogante… no exige porque no desea controlar, no vence porque no ataca, permanece serena ante cualquier confusión, ofrece a mi mente otro camino… habla de paz porque sana.

Es la voz que me hace llegar al cielo en la tierra… acepto su ayuda así como la de mi hermano mayor… de esa forma podré tomar la decisión acertada… elijo ser luz, elijo descansar en mi despertar, elijo responder a la llamada del Espíritu Santo…y de esa forma ser uno con todos mis hermanos… Así como logre escuchar su voz, así ayudaré a mis hermanos que también lo hagan.

Con esta sensación tan llena de amor, dejo que mi conciencia acoja fácilmente entre sus brazos toda esta información… no pongo resistencias y me siento cada vez más y más en paz…

El Espíritu Santo es un pensamiento… al ser una idea cuanto más se comparte más se expande… con él cruzo el puente de la percepción al conocimiento… con él dejo de percibir a mi hermano y reconozco el Espíritu en él…

Enseño a todos mis hermanos su plenitud, pues es la mía también… nada puede hacernos daño… decido enseñar con mi ejemplo… pues significará que lo he aprendido.

Tengo en mi corazón y en mis manos la paz y la bendición de Dios para que la conserve y la comparta… en mi corazón por su pureza… en mis manos por su fuerza… de esa forma será eternamente nuestra. Los pensamientos de Dios están conmigo.

Tomo una respiración profunda y dejo a mi Ser libre de ilusiones y de engaños… nada externo a mí puede hacerme daño… porque no hay nada externo a mí….

La paciencia que tenga con mi hermano es la misma paciencia que tendré conmigo… pues decido recordar que sólo la paciencia infinita produce resultados inmediatos, amor infinito.

¿Por qué prestar atención a las continuas y dementes exigencias que creo que me hacen, si sólo la voz de Dios se encuentra en mí? Restablezco mi cordura con la ayuda del Espíritu Santo y podré ver junto con la mía la de mi hermano.

Ahora… poco a poco iré tomando conciencia de mi cuerpo, en este lugar, en este espacio tiempo… y cuando desee abriré los ojos con la idea de hacer mi lectura de hoy… sabiendo que mi ser reconocerá cada palabra…

Extraido del libro “Meditaciones basadas en Un Curso de Milagros” de Alicia García Ortuño
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Publicado en Meditaciones Un Curso de Milagros

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