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Meditación 3. La Percepción Inocente

Meditación basada en Un Curso de Milagros

A partir de este momento, ya en un lugar cómodo para mí, escojo una posición agradable para dar comienzo a esta meditación. Nada del exterior me preocupa, molesta ni distrae.

Cierro mis ojos y pongo la atención en mi respiración, es lenta… suave y muy agradable. Observo cómo es cada vez más lenta y tranquila y en cada espiración me permito entrar en un estado más y más profundo de relajación…

Disfruto de todas las agradables sensaciones que estoy sintiendo… mi respiración se realiza de forma automática y natural…

En este estado, me permito conscientemente descansar e inconsciente- mente integrar esta meditación a partir de ahora…

Con esta sensación tan placentera pongo toda mi atención y disfruto sabiendo que cuando salga de esta meditación me resultará muy sencillo experimentar y vivir la lección de hoy…

Qué hermoso es ver la verdad en el otro, ya no hay todos esos ataques que mi visión me hacía ver, ahora veo que es una petición de amor… qué fácil es abandonar el valor de la defensa.

Ahora sé que el sacrificio no procede de Dios, sino del miedo a nuestras proyecciones procedentes del ego… tenemos miedo al abandono, al rechazo… y eso nos hace ser muy crueles…

Soy una mente pura que conoce la verdad… no me dejo llevar por las distorsiones y mentiras de mi mente errónea, no ataco y ahí está mi fortaleza. Me permito ser, pues lo tengo todo.

Me dispongo a honrar a otras mentes a mis hermanos… porque es el saludo natural de los eternamente amados.

Cuando veo a mis hermanos puedo sentir su pureza… puedo sentir nuestra sabiduría… pues no veo el mal, no puedo ver lo que nunca existió.

Me permito disipar cualquier tipo de oscuridad, me permito permanecer inocente… pues ese es mi estado natural… en ese estado conozco a Dios.

A partir de este momento me comprometo a ver lo que soy, a ver lo que son el resto de mis hermanos… estoy dispuesto a ver… estoy dispuesto a sentir la inocencia, la sabiduría… pues dejo de ver lo que no existe…

Tomo una respiración profunda sintiendo toda esta información en mí, integrando este momento de absoluta certeza en el que puedo experimentar la verdad… en este lugar donde puedo realizar cualquier cosa que Dios me pida… todo lo puedo lograr al mantener a mi espíritu libre de toda duda y temor.

Es fácil obrar el milagro en mi mente al tener confianza en mis actos y el de mis hermanos.

Entrego mi espíritu a mi padre… mi mente se libera de todo miedo y puede sentir la verdadera paz… la verdadera dicha.

Mi deseo de atacar se disipa cuando mi ser se encuentra… ahora se de su existencia.

Puedo sentir una gran paz interior… puedo sentir el milagro en el mundo…

Puedo sentir la certeza, pues procede del amor… ahora me reconozco… me conozco de nuevo…

Sé que mientras siga preguntando necesitaré el milagro para que me lleve a la respuesta verdadera…

En la certeza del ser, en el encuentro de lo verdadero las preguntas dejarán de ser necesarias…así como los milagros.

Amaré cuando tenga la capacidad para ver a mi hermano adecuadamente…de esa forma… dejaré de percibir la verdad y pasaré a conocer la verdad…

Cuando mi percepción sea correcta se que la comunicación con Dios será directa… y esa comunicación traerá consigo su conocimiento y su Paz.

Con esta sensación tan llena de amor, dejo que mi conciencia acoja fácilmente entre sus brazos toda esta información… no pongo resistencias y me siento cada vez más y más en paz…

Decido conocer a mis hermanos, pues son uno conmigo… abandono todo ataque y reconozco a Dios en todos.

Es fácil entender que lo que juzgaba fuera, estaba dentro, veía en mis hermanos todo lo que había en mi oscuridad. El amor es una fuerza poderosa que me lleva a sentir una profunda paz y alegría cuando estoy junto a mis hermanos sin emitir nin- gún tipo de juicio. Ahora reconozco lo que son mis hermanos, que soy yo….y juzgarlos ya no tiene sentido.

Tomo una respiración profunda y dejo a mi Ser libre de ilusiones y de engaños… nada externo a mí puede hacerme daño… porque no hay nada externo a mí….

No hay nadie ahí fuera… me relaciono conmigo mismo todo el tiempo a través de mis hermanos. Dejo de creer en nuestra separación y de esa manera puedo sentir la conciencia en todos nosotros.

Hago uso del poder de Dios que me fue dado…contemplo la realidad sin juzgar… la vivo, me entrego…

A partir de este momento, es fácil sentir que todo deseo pro- cedía de mi ausencia… de no aceptar mi realidad, de no vivir mi herencia por naturaleza… desear era como decir… no tengo el poder de manifestar mi ser….

Cuando deje de creer en la separación, entenderé que mi ser siempre estuvo en paz… y que el miedo creo mi falsa percepción…

Amor y miedo, luz y oscuridad… salvación y muerte, cono- cimiento y percepción…creer que los opuestos puedan reconciliarse es como pensar que Dios y su hijo no pueden hacerlo…

Conocer la verdad, es vivir en la certeza que jamás salí del Reino de los Cielos. La duda nunca nos separo… eso no ha ocurrido todavía.

Ahora… poco a poco iré tomando conciencia de mi cuerpo, en este lugar, en este espacio tiempo… y cuando desee abriré los ojos con la idea de hacer mi lectura de hoy… sabiendo que mi ser reconocerá cada palabra…

Extraido del libro “Meditaciones basadas en Un Curso de Milagros” de Alicia García Ortuño
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Publicado en Meditaciones Un Curso de Milagros

Un comentario

  1. Maravillosa meditación de la que he salido con fuerzas renovadas basandome en la percepción inocente de todos mis hermanos y con la seguridad de encontrarme en Paz conmigo mismo y con el mundo.

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