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Categoría: Eckhart Tolle

El Ego: Identificación con Pensamientos y Emociones

El ego es identificación con la forma. Formas no son solo los objetos materiales y los cuerpos físicos. El ego es un conglomerado de formas de pensamiento recurrentes y pautas mentales y emocionales a las que conferimos un sentido del “yo”.

Un puñado de recuerdos con los que te identificas como “yo y mi historia”, en papeles habituales que desempeñas sin saberlo, en identificaciones colectivas como la nacionalidad, la religión, la raza, la clase social o la filiación política.

También contiene identificaciones personales, apariencia externa, o conceptos de ti mismo como “mejor que” o “no tan bueno como otros”, como un triunfador o un fracasado.

Los egos sólo se diferencian en la superficie. En el fondo son todos iguales. Viven de la identificación y la separación. Para sostener la idea del yo, necesita la idea opuesta de “el otro”.

La emoción básica que gobierna toda la actividad del ego es el miedo. El miedo a no ser nadie, el miedo a no existir, el miedo a la muerte. ¿Por qué el miedo? Porque el ego surge de la identificación con la forma, y en el fondo sabe que ninguna forma es permanente, que todas son efímeras.

Quejarse es una de las estrategias favoritas del ego para reforzarse. El resentimiento es la emoción que acompaña a la queja y al etiquetado mental de la gente, y que añade aún más energía al ego. El resentimiento significa sentirse amargado, indignado, agraviado u ofendido. Y eso contra lo que reaccionas en otros, lo refuerzas en ti mismo.

Perdonar es pasar por alto, o más bien mirar más allá del ego para ver la cordura que hay en todo ser humano, que es su esencia.

No se debe confundir quejarse con informar a alguien de un error o deficiencia a fin de que se corrija. No hay ego en decirle al camarero que tu sopa está fría. “¿Cómo te atreves a servirme la sopa fría?”, eso es quejarse. La queja de la que estamos hablando está al servicio del ego, no del cambio.

Cuando un resentimiento dura mucho, pasa a ser rencor. Un rencor es una fuerte emoción negativa relacionada con un acontecimiento del pasado, a veces lejano, que se mantiene vivo a base de repetir incesantemente la historia de “lo que me hicieron”.

Quejarse, por ejemplo, de un atasco de tráfico, de los políticos, de los ricos codiciosos, de los parados holgazanes, de tus compañeros de trabajo o de tu ex pareja, de los hombres o de las mujeres, puede darte sensación de superioridad. Cuando te quejas, ello implica que tienes razón, y la persona o situación de la que te quejas o contra la que reaccionas, no la tiene.

No hay nada que refuerce más el ego que tener razón. Por supuesto, para que tú tengas razón es preciso que algún otro no la tenga. Tener razón nos coloca en una imaginaria superioridad moral respecto a la persona o situación que está siendo juzgada y condenada. Es esa sensación de superioridad la que busca el ego para reforzarse.

Si dices “la luz viaja más deprisa que el sonido” y alguien dice que es al contrario, está claro que tú tienes razón y el otro no. La simple observación de que el relámpago precede al trueno podría confirmarlo. Si empiezas a decir “créeme, lo sé”, o “¿Por qué nunca me crees?”, el ego ya ha empezado a intervenir. Está escondido en la palabra “me”. El “yo” se siente rebajado y ofendido porque alguien no cree lo que “yo” digo.

La verdad, en cualquier caso, no necesita defensa. A la luz y al sonido no les importa lo que penséis tú o cualquier otro.

Si hasta el simple y directo reino de los hechos puede someterse a la tergiversación, cuánto más ocurrirá en el menos tangible reino de las opiniones, puntos de vista y juicios.
Uno de los mecanismos de reparación del ego más comunes es la ira, que provoca un hinchamiento del ego poco duradero pero enorme.

Una práctica espiritual muy potente consiste en permitir la disminución del ego cuando se produce, sin intentar restaurarlo. Por ejemplo, cuando alguien te critica, te echa la culpa de algo o te insulta, en lugar de contraatacar inmediatamente o defenderte, no hagas nada.

Deja que la imagen del yo se mantenga disminuida y ponte alerta a lo que ocurre dentro de ti. Durante unos segundos, puede que te sientas incómodo, como si hubieras encogido. Después puede que sientas un espacio interior que está intensamente vivo. No has quedado disminuido en absoluto. En realidad, te has expandido.

Otro aspecto de esta práctica consiste en abstenerte de intentar reforzar el ego exhibiéndote, queriendo destacar, ser especial, causar impresión o exigir atención. En ocasiones, esto puede implicar abstenerse de expresar tu opinión cuando todo el mundo expresa la suya, y ver qué se siente.

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El Deseo de Más

Extraido del libro “Un nuevo mundo, ahora” de Eckhart Tolle

El ego tiende a equiparar tener con ser. El ego se identifica con tener, pero su satisfacción al tener es relativamente poco profunda y dura poco. Ningún ego puede durar mucho sin la necesidad de más. Así pues, desear mantiene vivo al ego mucho más que tener.

La mayoría de los egos tienen deseos conflictivos: desean diferentes cosas en diferentes momentos, o pueden no saber siquiera lo que desean, excepto que no quieren lo que hay.

El deseo es estructural, así que ninguna satisfacción puede ser duradera mientras esa estructura mental siga en su sitio. El deseo intenso sin objetivo específico se da con frecuencia en el ego en desarrollo de los adolescentes, muchos de los cuales están en un estado permanente de negatividad e insatisfacción.

Las necesidades físicas de alimento, agua, vivienda, ropa y comodidades básicas se podrían satisfacer fácilmente para todos los humanos del planeta, si no fuera por el desequilibrio de recursos creado por la loca y rapaz necesidad de tener más, la codicia del ego.

Esta necesidad encuentra expresión colectiva en las estructuras económicas de este mundo, como las grandes empresas, su único objetivo ciego es el beneficio. Persiguen ese objetivo de manera absolutamente despiadada. La naturaleza, le gente, hasta sus propios empleados, no son más que cifras en una hoja de contabilidad, objetos sin vida que se pueden usar y después desechar.

Las formas de pensamiento “yo” y “mío”, “más que”, “quiero”, “necesito”, “tengo que tener” y “no es suficiente” no corresponden al contenido, sino a la estructura del ego. El contenido es intercambiable.

Ningún contenido podrá satisfacerte mientras la estructura del ego siga en su sitio.

Ver la televisión es la actividad de ocio (o, más bien, inactividad) favorita de millones de personas en todo el mundo. El estadounidense medio, cuando llega a los sesenta años de edad, ha pasado quince años mirando una pantalla de televisión.
A mucha gente, ver la tele le resulta “relajante”. Entonces, ¿Es que mirar la tele crea espacio interior? ¿Hace que estés presente? Por desgracia, no. Aunque tu mente puede estar largos periodos sin generar ningún pensamiento, se ha conectado a la versión televisiva de la mente colectiva, y está pensando sus pensamientos.

Esto induce un estado pasivo. Por eso se presta a la manipulación de la “opinión pública”, ya que los políticos y los grupos de interés, así como los anunciantes, lo saben. Quieren que sus pensamientos se conviertan en tus pensamientos, y por lo general lo consiguen.

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La Identificación del Ego con Cosas

Extraido del libro “Un nuevo mundo, ahora” de Eckhart Tolle

Uno de los niveles más básicos del ego es la identificación con cosas: mi juguete se convertirá más adelante en mi coche, mi casa, mi ropa, etc. Procuro encontrarme a mí mismo en cosas, pero nunca lo consigo del todo.

Los de la industria de la publicidad saben muy bien que, para vender cosas que realmente la gente no necesita, deben convencerles de que esas cosas añadirán algo al modo en que se ven a sí mismos o a cómo son vistos por los demás; en otras palabras, que añaden algo a su sentido del yo.

Esto lo hacen, por ejemplo, diciéndote que usando tal producto destacarás de la multitud y, en consecuencia, serás más tú mismo. O pueden crear en tu mente una asociación entre el producto y una persona famosa, o una persona juvenil, atractiva o con aspecto de ser feliz.

Y así, en muchos casos, no estás comprando un producto, sino un “realzador de la identidad”. Las marcas son, básicamente, identidades colectivas a las que te incorporas pagando.

Paradójicamente, lo que mantiene en marcha la llamada “sociedad de consumo” es el hecho de que intentar encontrarte a ti mismo a través de las cosas no funciona. La satisfacción del ego dura poco, y tú sigues buscando más, comprando, consumiendo.

La identificación del ego con las cosas crea apego a las cosas, obsesión por las cosas, lo que a su vez crea nuestra sociedad de consumo y estructuras económicas, donde la única medida del progreso es siempre más.

Es la misma disfunción que presenta la célula cancerosa, cuyo único objetivo es multiplicarse.

Tienes que ser sincero para averiguar si tu sentido de la propia valía está ligado a las cosas que posees. ¿Hay cosas que incluyen una sutil sensación de importancia o superioridad? ¿Te sientes resentido o irritado y algo rebajado en tu sentido del yo cuando alguien tiene más que tú o cuando pierdes una posesión preciada? ¿Te das cuenta de que tendrás que separarte de todo en algún momento, tal vez muy pronto? ¿Ha disminuido quien tú eres a causa de alguna pérdida material?

Una de las suposiciones inconscientes es que, al identificarte con un objeto mediante la ficción de la propiedad, la aparente solidez y permanencia de ese objeto material dotará de más solidez y permanencia a tu sentido del yo. Esto se aplica sobre todo a las casas, y aún más a la tierra.

En la proximidad de la muerte, todo el concepto de propiedad se revela como carente de sentido.

Pero la renuncia a las posesiones materiales no te libera automáticamente del ego. Hay personas que han renunciado a todas sus posesiones pero tienen un ego más grande que algunos millonarios.

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El Ego

Extraido del libro “Un nuevo mundo, ahora” de Eckhart Tolle

El ego no es más que esto: la identificación con la forma. Formas físicas, formas de pensar, formas emocionales. La humanidad, en lugar de utilizar el pensamiento, se dejó poseer por él. Las palabras reducen la realidad a algo que la mente humana pueda asimilar.

El resultado es una total inconsciencia de nuestra conexión con el todo, de nuestra unidad intrínseca con todos los “otros” y también con la Fuente.

La mente egótica está condicionada por el pasado. Su condicionamiento es doble, pues actúa tanto en el contenido como en la estructura.

En el caso de un niño que llora con profundo desconsuelo porque le han quitado su juguete, el juguete representa el contenido. Es intercambiable con cualquier otro contenido, cualquier otro juguete u objeto.

El contenido con el que te identificas está condicionado por tu entorno, tu educación y la cultura que te rodea. Que el niño sea rico o pobre, que el juguete sea un trozo de madera con forma de animal o un complejo aparato electrónico, eso no representa ninguna diferencia en lo que se refiere al sufrimiento causado por su pérdida.

La razón de que la pérdida produzca un sufrimiento tan agudo está oculta en la palabra “mi”, y es estructural.

Una de las estructuras mentales básicas que provocan la existencia del ego es la identificación. La palabra “identificación” deriva del latín idem, que significa “lo mismo”, y facere, que significa “hacer”. Así que, cuando me identifico con alguna cosa, “la hago lo mismo”. ¿Lo mismo que qué? Lo mismo que yo. La doto de un sentido del yo, y así pasa a formar parte de mi “identidad”.

Mientras que algunas personas no quieren saber quiénes son por miedo, otras tienen una curiosidad insaciable acerca de sí mismas y quieren averiguar más y más. Puede que estés tan fascinado contigo mismo que quizá pases años yendo al psicoanalista, ahondando en todos los aspectos de tu infancia, descubriendo miedos y deseos secretos, encontrando capas y más capas de complejidad en la estructura de tu personalidad y tu carácter. Al cabo de diez años, el terapeuta puede hartarse de ti y de tu historia y decirte que tu análisis ya está completo. Es posible que te mande a casa con un expediente de cinco mil páginas. “Esto es todo lo que hay acerca de usted. Esto es lo que usted es”

Todo lo que aprendes mediante el psicoanálisis y la autoobservación trata acerca de ti. Es contenido, no esencia.

¿Qué hay más, aparte del contenido? Lo que permite que el contenido exista: el espacio interior de la conciencia.

Tu identidad esencial no tiene forma, es una Presencia que todo lo impregna, un Ser anterior a todas las formas, a todas las identificaciones.

La verdad de quién eres no es “yo soy esto o aquello”, sino Yo Soy.

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